Este avance representa un paso decisivo hacia nuevos tratamientos para lesiones articulares y enfermedades degenerativas como la artritis.

El nuevo tejido se crea a partir de células madre de médula ósea, las cuales son guiadas para producir un material con propiedades biomecánicas muy similares a las del cartílago natural. La innovación clave de este desarrollo es la capacidad de personalizar la rigidez y flexibilidad del cartílago artificial para que se adapte a las necesidades específicas de diferentes articulaciones del cuerpo. Por ejemplo, el cartílago de la rodilla necesita ser más rígido para absorber impactos, mientras que el del hombro requiere mayor flexibilidad para un amplio rango de movimiento. Los investigadores lograron esta personalización mediante una combinación de estímulos mecánicos y bioquímicos que dirigen a las células madre para que produzcan distintos tipos de matriz extracelular. El desgaste del cartílago es una de las causas más comunes de dolor articular, y dado que el tejido natural no se regenera fácilmente, las opciones de tratamiento suelen ser limitadas. Esta nueva tecnología podría permitir a los médicos reemplazar o reparar zonas dañadas de forma precisa, restaurando la movilidad y reduciendo el riesgo de degeneración futura. Además, el uso de células madre del propio paciente abre la puerta a procedimientos más seguros y con un menor riesgo de rechazo inmunológico.

Los científicos ya trabajan en pruebas preclínicas para evaluar su integración en articulaciones reales.