Este fenómeno, conocido como biofluorescencia, desafía el conocimiento actual sobre la fauna australiana y abre nuevas preguntas sobre sus mecanismos de comunicación. La biofluorescencia, un comportamiento óptico en el que una superficie absorbe luz de una longitud de onda y la emite en otra, se había registrado de forma excepcional en algunos mamíferos nocturnos como los ornitorrincos y los wombats. El descubrimiento en el cuol oriental añade un nuevo y sorprendente capítulo a esta lista.
Los científicos aún no tienen certeza sobre la función de este brillo. Las hipótesis son variadas: podría ser un mecanismo de comunicación entre individuos de la misma especie, una forma de camuflaje para evadir depredadores o una señalización durante la caza en la oscuridad.
También es posible que sea simplemente una propiedad química inherente a su pelaje sin una función evolutiva específica.
Lo que está claro es que este hallazgo demuestra que incluso los animales que se consideran comunes pueden esconder maravillas biológicas, recordándonos cuánto queda por descubrir en la naturaleza con solo cambiar la forma de observar.






