Los cráneos más recientes del Holoceno mostraron una mayor variabilidad en forma y tamaño en comparación con los más antiguos del Pleistoceno, con algunos ejemplares más cortos y anchos, una característica ausente en los lobos. Los investigadores sugieren que esta diversidad temprana surgió por varios factores, incluyendo la diversidad preexistente en las poblaciones de lobos y las ventajas de supervivencia que ofrecía la convivencia con los humanos, especialmente para los cánidos de menor tamaño. Además, la expansión de los perros coincidió con grandes migraciones humanas, y las sociedades antiguas probablemente desarrollaron estrategias de cría para adaptar a los animales a sus necesidades de supervivencia y producción.