Poseía un hocico alargado con dientes finos que funcionaban como un tamiz para capturar crustáceos y pequeños organismos acuáticos. Los autores señalan que podría ser un eslabón evolutivo importante dentro de su linaje. La hipótesis más fuerte sobre el origen de la regurgitalita es que un gran depredador, posiblemente un espinosáurido, devoró a los pterosaurios y luego regurgitó la mezcla ósea al no poder digerirla.