Tras un análisis detallado, lograron identificar restos de peces y de dos pterosaurios jóvenes cuyos rasgos anatómicos no coincidían con ninguna especie conocida.
Según el artículo publicado en la revista *Nature*, el nombre *Bakiribu waridza* proviene del idioma indígena kariri y se traduce como “boca de peine”, en alusión a su probable dieta filtradora.
La especie poseía un hocico alargado con dientes finos que funcionaban como un tamiz para capturar crustáceos y pequeños organismos acuáticos, un comportamiento similar al de otros miembros del linaje Ctenochasmatidae. Los autores del estudio señalan que *Bakiribu waridza* presenta rasgos intermedios entre especies más antiguas y otras más derivadas del mismo grupo, lo que sugiere que podría ser un eslabón evolutivo importante. Los patrones de desgaste en los huesos indican que ambos pterosaurios fueron devorados por un gran depredador, que posteriormente regurgitó los restos óseos al no poder digerirlos.
La hipótesis más fuerte apunta a un espinosáurido, aunque no hay evidencia suficiente para confirmarlo.
Este hallazgo no solo añade una nueva especie al registro fósil, sino que también demuestra el valor científico de materiales que a menudo pasan desapercibidos.







