Según los expertos, este fenómeno se debe a la forma en que funciona nuestro cerebro durante el sueño. El estudio identifica cinco experiencias comunes que están ausentes en los sueños.
La primera es la lectura de textos con claridad; las letras suelen distorsionarse o cambiar porque las áreas del cerebro responsables del lenguaje tienen una actividad muy baja durante el sueño REM. La segunda es el uso de interfaces tecnológicas como *smartphones* u ordenadores, ya que la parte del cerebro encargada del control ejecutivo y la lógica está “desactivada”. La tercera es la percepción de olores y sabores, pues los sentidos químicos rara vez se manifiestan en los sueños. La cuarta es la capacidad de verse reflejado en un espejo de forma realista, ya que los sueños no suelen generar imágenes reflejadas precisas. Finalmente, aunque no soñamos con la vida moderna de forma literal, sí es común tener sueños con amenazas antiguas o simbólicas, como caer o ser perseguido, lo que podría tener una base evolutiva para ensayar escenarios de peligro en un entorno seguro.
Los investigadores explican que durante el sueño REM se activa principalmente el sistema límbico, responsable de las emociones y las imágenes visuales, mientras que la corteza prefrontal, la parte lógica, se desactiva. Por esta razón, en los sueños predominan las imágenes emocionales y simbólicas sobre las tareas analíticas o estructuradas.
Este hallazgo ayuda a entender que nuestro cerebro simplemente no está configurado para recrear ciertas experiencias de la vida real mientras dormimos.





