Los científicos utilizaron sus modelos para explicar casos reales como el del Monte St.
Helens, donde la erupción de 1980 comenzó con una salida lenta de lava antes de volverse explosiva, un comportamiento que podría explicarse por la liberación gradual de gases a través de estos canales internos. La incorporación de las fuerzas de cizallamiento en los modelos de riesgo volcánico permitirá a los científicos predecir con mayor precisión el tipo de erupción que podría tener un volcán activo, mejorando así las medidas de prevención para las poblaciones cercanas.






