Según uno de los artículos, más del 80 % de las esporas resistieron estas condiciones.

Este comportamiento refuerza la idea de que ciertos organismos simples poseen defensas naturales contra el entorno espacial. La relevancia de este descubrimiento trasciende el laboratorio, ya que las condiciones que soportó el musgo son análogas a las de Marte: un planeta frío, seco y expuesto a la radiación. Por ello, los científicos consideran que organismos como los musgos y líquenes podrían actuar como pioneros biológicos en la creación de ecosistemas marcianos.

Estos organismos son capaces de producir oxígeno, fijar carbono, retener humedad, estabilizar suelos rocosos y generar microhábitats para otras formas de vida, preparando el terreno para futuras plantas y asentamientos humanos. El experimento impulsa el campo de la biología interplanetaria y sugiere que la vida terrestre podría ser mucho más resistente de lo que se creía, convirtiendo a este humilde musgo en un poderoso aliado para el futuro de la exploración espacial.