La reforma tributaria propone cambios sustanciales en el impuesto de renta para personas naturales y en el impuesto al patrimonio, con el objetivo de aumentar la progresividad del sistema. Las medidas incluyen un incremento en las tarifas marginales para ingresos altos, la eliminación de deducciones clave y una ampliación de la base de contribuyentes del impuesto al patrimonio. En cuanto al impuesto de renta, el proyecto eleva la tarifa marginal máxima al 41% para quienes superen ingresos anuales de 1.543 millones de pesos. Además, se ajustan las tarifas intermedias, afectando a trabajadores con salarios desde 8,7 millones de pesos mensuales. Una de las modificaciones más sensibles es la eliminación de la deducción por dependientes, un beneficio que aliviaba la carga fiscal de los hogares de clase media. También se suprime el descuento del 19% para dividendos superiores a 1.090 UVT, lo que, según expertos, podría elevar la tributación efectiva sobre estos hasta un 61%, desincentivando la inversión.
En relación con el impuesto al patrimonio, la reforma reduce el umbral de entrada de 72.000 UVT (aproximadamente 3.585 millones de pesos) a 40.000 UVT (cerca de 1.992 millones), lo que sumaría a más de 105.000 nuevos contribuyentes.
Se establecen tarifas progresivas que van desde el 0,5% hasta un 5% para los patrimonios más altos.
Analistas como el abogado Mauricio Marín Elizalde advierten que estas medidas podrían provocar una "fuga de capital, un congelamiento de inversiones y un clima de incertidumbre jurídica sin precedentes".
En resumenLa reforma endurece la tributación sobre la renta y el patrimonio, aumentando las tarifas para los ingresos más altos, eliminando beneficios como la deducción por dependientes y ampliando la base de contribuyentes del impuesto al patrimonio. Aunque el Gobierno busca mayor equidad, los expertos advierten sobre un posible desincentivo a la inversión y la fuga de capitales.