La reforma tributaria propone un fuerte incremento en la carga impositiva sobre bebidas alcohólicas, incluyendo el IVA y el impuesto al consumo, lo que ha generado una enérgica reacción de la industria y gobernaciones. Advierten que la medida podría encarecer significativamente productos como el aguardiente y la cerveza, afectando las rentas regionales destinadas a salud y deporte, y disparando el comercio ilegal. El proyecto contempla elevar el IVA para licores como aguardiente, ron y vino del 5% al 19%, y unificar y aumentar el impuesto al consumo. La Fábrica de Licores de Antioquia (FLA) ha sido una de las voces más críticas, estimando que el precio de una botella de Aguardiente Antioqueño podría aumentar casi un 50%, pasando de $37.000 a $52.000 para el distribuidor. Su gerente, Esteban Ramos, advirtió que la carga tributaria total sobre los licores podría aumentar hasta en un 90%, lo que calificó como “insostenible para la industria”.
Este escenario, según Ramos, incentivaría “el contrabando y el mercado ilegal de licor adulterado, con graves consecuencias para la salud pública”.
La gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, se sumó a las críticas, explicando que los mayores precios reducirían las ventas legales, lo que a su vez disminuiría los ingresos departamentales que financian áreas clave. Toro señaló que el contrabando de aguardiente en su región ya alcanza el 36%, una cifra que podría dispararse con la reforma. Además, Asobares expresó su preocupación por el impacto en bares y restaurantes, donde un encarecimiento cercano al 30% reduciría la rentabilidad y golpearía la formalidad.
En resumenLa propuesta de aumentar los impuestos a las bebidas alcohólicas enfrenta una fuerte oposición de la industria licorera y los gobiernos departamentales. Advierten que, si bien el objetivo es recaudar más y proteger la salud, el efecto real podría ser la caída de las rentas legales que financian programas sociales y el fortalecimiento de un peligroso mercado de contrabando y adulteración.