La reforma tributaria propone endurecer el impuesto al patrimonio, reduciendo significativamente el umbral a partir del cual se debe pagar y estableciendo tarifas progresivas más altas, una medida que busca aumentar el recaudo proveniente de las personas de mayor riqueza. El cambio más importante es la reducción de la base gravable para este impuesto, que actualmente es de 72.000 UVT (aproximadamente $3.585 millones). La propuesta la fija en 40.000 UVT (cerca de $1.992 millones), lo que ampliaría el número de contribuyentes obligados a pagarlo en más de 105.000 personas. Adicionalmente, se introduce una estructura de tarifas marginales y progresivas que van desde el 0,5 % para los patrimonios más bajos dentro del rango, hasta un 5 % para aquellos que superen los 2 millones de UVT. El Gobierno justifica la medida argumentando que busca “impulsar la progresividad del sistema tributario” en un país con alta concentración de la riqueza.
Con esta modificación, se espera recaudar $2,2 billones adicionales en 2026.
Sin embargo, analistas y expertos en estructuración patrimonial han advertido que estos cambios podrían desincentivar la inversión, provocar una fuga de capitales y generar un clima de incertidumbre jurídica para quienes han construido su patrimonio de manera legal.
En resumenLa reducción del umbral y el aumento de las tarifas del impuesto al patrimonio son una de las principales herramientas de la reforma para incrementar la tributación de las personas de mayores ingresos. Si bien se proyecta un recaudo significativo, la medida genera preocupación por su posible impacto negativo en la inversión y la retención de capital en el país.