Esta estrategia busca crear un dispositivo ligero y cómodo para ser usado durante todo el día, marcando una diferencia clave con las Apple Vision Pro, cuya autonomía y peso limitan su uso prolongado.
El análisis de la industria sugiere que Apple está cambiando su enfoque desde la potencia bruta, característica de los procesadores del iPhone, hacia la eficiencia energética, un pilar de los chips tipo S del Apple Watch.
Estos procesadores están diseñados para funcionar con baterías pequeñas, generar poco calor y mantener un consumo estable, características ideales para un dispositivo que se lleva en la cabeza durante horas. Los reportes indican que el primer modelo, cuyo lanzamiento se rumora para 2026 o 2027, no incluiría una pantalla integrada y funcionaría como un accesorio del iPhone, similar al Apple Watch en sus inicios. Las gafas se encargarían de capturar información del entorno a través de cámaras y sensores, mientras que el iPhone realizaría el procesamiento de tareas complejas. Esta aproximación permitiría a Apple entrar gradualmente en el mercado, priorizando la comodidad y la duración de la batería para evitar los errores de propuestas anteriores.
El chip elegido podría ser un System in Package como el S10, que ya ha demostrado su eficiencia en el Apple Watch Ultra. Este movimiento llega en un momento en que competidores como Meta, con su alianza con Ray-Ban, y Google, con Android XR junto a Samsung, también exploran el mercado, validando el interés en casos de uso como la navegación, traducción en tiempo real y asistencia para personas con discapacidad visual.






