Este movimiento sería particularmente significativo para modelos como el MacBook Air y el iPad Pro, que utilizan estas variantes del procesador.

Una alianza de este tipo representaría un giro estratégico para Apple, que desde 2020 ha apostado por su propia arquitectura de chips (Apple Silicon) fabricados principalmente por TSMC. Volver a colaborar con Intel, aunque sea como fabricante y no como diseñador, podría indicar una estrategia de diversificación de proveedores para mitigar riesgos en la cadena de suministro y asegurar la producción a gran escala de sus dispositivos en el futuro.