Un artículo advierte sobre una “crisis cognitiva que se nos avecina”, argumentando que el consumo compulsivo de videos cortos, la mensajería instantánea y las aplicaciones de IA está afectando negativamente funciones como la atención, la retención, la concentración y la memoria. Este fenómeno, impulsado por la llamada “economía de la atención” —donde la atención humana es un recurso escaso que se monetiza—, genera picos de dopamina que fomentan un comportamiento adictivo. La investigación en neurociencia citada en uno de los textos indica que el consumo excesivo de videos cortos impacta negativamente la capacidad de concentración, dificultando la realización de tareas que requieren un esfuerzo cognitivo sostenido.