Durante la pandemia de COVID-19, Apple, junto con Google, adoptó una postura firme en defensa de la privacidad del usuario al oponerse a los protocolos de rastreo de proximidad propuestos por la Unión Europea. Esta acción generó un intenso debate sobre el equilibrio entre la salud pública y los derechos individuales, y destacó el poder de las grandes corporaciones tecnológicas para imponer sus propios estándares de privacidad por encima de las políticas gubernamentales. En un momento de crisis sanitaria mundial, varios gobiernos buscaron implementar aplicaciones de rastreo de contactos para monitorear la propagación del virus. Sin embargo, los protocolos propuestos por la UE generaban preocupaciones sobre la recopilación masiva de datos y la vigilancia estatal.
En respuesta, Apple y Google colaboraron para desarrollar su propio sistema de notificaciones de exposición, una API descentralizada que priorizaba el anonimato y el consentimiento del usuario. Al integrar esta tecnología directamente en sus sistemas operativos (iOS y Android), las dos compañías establecieron de facto el estándar global para el rastreo de contactos digital.
Al hacerlo, se enfrentaron a los gobiernos que exigían un mayor control sobre los datos, posicionándose como “defensoras de la libertad” y la privacidad individual. Este episodio fue significativo porque demostró la capacidad de las plataformas tecnológicas para actuar como entidades cuasi soberanas, estableciendo reglas que los estados debían seguir si querían que sus aplicaciones funcionaran en la gran mayoría de los teléfonos inteligentes del mundo. La decisión de Apple reforzó su imagen de marca como una empresa centrada en la privacidad, pero también subrayó la creciente tensión entre el poder de Silicon Valley y la autoridad de los gobiernos democráticos.
En resumenEn la pandemia, Apple se opuso a los protocolos de rastreo de la UE y, en colaboración con Google, desarrolló su propio sistema centrado en la privacidad. Esta acción consolidó su imagen como defensora de los datos del usuario, pero también evidenció la creciente influencia de las grandes tecnológicas sobre las políticas públicas a nivel global.