Este tipo de anuncios, aunque recurrentes en la industria tecnológica, tienen un impacto significativo debido a la masiva base de usuarios de WhatsApp. Los propietarios de dispositivos afectados, que ejecuten Android 5.0 (lanzado en 2014) o una versión inferior, ya no recibirán actualizaciones de la aplicación. Inicialmente, esto significa la pérdida de acceso a nuevas funciones y, más importante aún, a parches de seguridad críticos, lo que los dejará vulnerables a posibles amenazas. Con el tiempo, la aplicación dejará de funcionar por completo en estos sistemas operativos. La razón fundamental detrás de esta medida es la necesidad de mantener la seguridad y la funcionalidad de la plataforma. Las versiones más recientes de WhatsApp requieren capacidades de hardware y software que los sistemas operativos antiguos no pueden soportar. Al descontinuar el soporte, la compañía puede enfocar sus recursos de desarrollo en tecnologías más modernas y garantizar una experiencia segura y estable para la gran mayoría de sus usuarios. Sin embargo, esta decisión también pone de relieve el ciclo de obsolescencia programada en la tecnología, obligando a los usuarios con dispositivos aún funcionales a realizar una actualización de hardware para seguir utilizando servicios esenciales.