La inteligencia artificial se consolida como la fuerza tecnológica dominante para 2026, presentando un doble rol como catalizador de innovación sin precedentes y, a la vez, como la mayor fuente de disrupción y riesgo para la ciberseguridad. Líderes de TI y expertos en tecnología coinciden en que la madurez y regulación de la IA será uno de los factores más disruptivos del próximo año. Por un lado, la IA generativa y los modelos de lenguaje de gran escala (LLM) están siendo integrados en todo el ecosistema tecnológico, desde electrodomésticos inteligentes que aprenden de los hábitos del usuario, como los presentados por Samsung y LG, hasta herramientas de productividad que prometen revolucionar el emprendimiento.
Sin embargo, esta rápida adopción crea nuevas superficies de ataque.
Una encuesta de Veeam a más de 250 líderes de TI reveló que los ataques generados por IA son percibidos como la amenaza más significativa para los datos (66%), superando incluso al ransomware (50%). Expertos de Akamai predicen que los ciberdelincuentes explotarán vulnerabilidades propias de los LLM, como la inyección de instrucciones y la contaminación de datos de entrenamiento, para crear una nueva generación de ciberataques difíciles de detectar con los métodos actuales. Este escenario obliga a las empresas a adoptar un enfoque proactivo, utilizando la propia IA para automatizar la detección de anomalías y fortalecer sus defensas, reconociendo que la ciberseguridad ya no es un tema técnico, sino de supervivencia empresarial.
En resumenEn 2026, la inteligencia artificial será una tecnología de doble filo: mientras impulsa la innovación en dispositivos y servicios, también se convertirá en la principal herramienta para ciberataques sofisticados. Las organizaciones enfrentan el desafío de aprovechar su potencial de manera responsable, priorizando la resiliencia y la seguridad para navegar en un entorno digital cada vez más complejo.