En el ámbito del hardware, marcas como Samsung y HONOR lideran esta transición.

El ecosistema Galaxy de Samsung, con el S25 Ultra a la cabeza, utiliza procesamiento asistido por IA para mejorar la calidad de imagen de su sensor de 200 megapíxeles. Por su parte, HONOR ha integrado más de 40 funciones de IA en su serie 400, enfocadas en fotografía de retrato y edición de video. Esta tendencia se extiende a las aplicaciones más populares; se reporta que WhatsApp está implementando nuevas funciones de IA para finales de 2025, buscando enriquecer la comunicación. Sin embargo, esta proliferación de la IA también presenta un lado oscuro. La firma de ciberseguridad ESET advierte sobre el auge de la “IA ofensiva”, donde los ciberdelincuentes utilizan modelos generativos para crear ataques de phishing hiperpersonalizados y agentes autónomos capaces de ejecutar ciclos de ataque completos. Mario Micucci, investigador de ESET, señala que “la IA ya no solo acelera el trabajo del atacante: multiplica su alcance y reduce los requisitos técnicos para ingresar al ecosistema delictivo”. Este doble filo de la IA, como herramienta de innovación y como arma, define uno de los mayores desafíos para la industria y los usuarios en 2026, obligando a un equilibrio entre el aprovechamiento de sus beneficios y la mitigación de sus riesgos.