Cerco a Maduro: La Ofensiva Militar y Política de EE. UU. Redefine el Conflicto Venezolano



El gobierno de Estados Unidos, bajo la administración Trump, ha incrementado significativamente la presión político-militar para lograr la salida de Nicolás Maduro del poder. Las acciones incluyen la designación del Cártel de los Soles como “Organización Terrorista Extranjera”, lo que habilita un marco jurídico para el uso de la fuerza; un mayor despliegue aeronaval en el Caribe, con la presencia del portaviones Gerald Ford; bombardeos a lanchas rápidas vinculadas al narcotráfico y la realización de ejercicios militares en las cercanías de Venezuela. En respuesta, Maduro anunció el refuerzo de la Fuerza Armada con 5.600 nuevos soldados, mientras que líderes como el presidente turco han expresado su preocupación por la escalada. Esta ofensiva se enmarca en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de Estados Unidos de noviembre de 2025, que reafirma la Doctrina Monroe a través de lo que denomina el “Corolario Trump”. Dicha estrategia busca restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental, negar la influencia de competidores como China y Rusia, y asegurar el acceso a recursos estratégicos. Desde esta perspectiva, el régimen de Maduro es visto como una amenaza multifacética: una dictadura surgida de elecciones fraudulentas en 2024, involucrada en el narcotráfico, causante de una crisis migratoria masiva y aliada de adversarios de Washington.
La tensión interna en Venezuela se ha agudizado con la muerte en prisión del dirigente opositor Alfredo Díaz, procesado por “terrorismo”.
A pesar de las hostilidades, se han mantenido contactos entre ambos gobiernos, como una llamada telefónica entre Trump y Maduro. Según informes, Maduro habría exigido una amnistía, el control de las Fuerzas Armadas y un período de transición de dos años para dejar el poder, condiciones que fueron rechazadas por la Casa Blanca. La designación de narcoterrorista es utilizada como un arma política y militar, cuya efectividad se ve potenciada por la creciente ilegitimidad del gobierno venezolano.
Aunque se considera poco probable una intervención militar masiva, los documentos estratégicos de EE. UU. contemplan una “intervención justificada”, que podría incluir ataques de precisión o el uso de fuerzas especiales para abatir al liderazgo del régimen. Las implicaciones de un conflicto se extienden a toda la región, especialmente a Colombia, que comparte una extensa frontera y podría enfrentar una nueva ola migratoria y la agudización de su propio conflicto armado por la presencia del ELN. La crisis también ha significado un profundo desprestigio para el “socialismo del siglo XXI”, asociándolo con autoritarismo y fracaso económico, lo que ha facilitado que la intervención estadounidense sea percibida por algunos sectores como una medida necesaria.

























