El equipo técnico del banco central atribuye esta persistencia inflacionaria a varios factores. El principal es el fuerte aumento del salario mínimo del 23 %, que superó las estimaciones y está generando presiones alcistas en costos de servicios y productos indexados. A esto se suman el encarecimiento de la energía, algunos servicios públicos y una demanda interna que sigue siendo más fuerte de lo esperado, manteniendo la presión sobre los precios. En respuesta, la Junta Directiva decidió incrementar la tasa de interés en 100 puntos básicos, llevándola al 10,25 %, para mantener una política monetaria estricta que frene el consumo y evite un desanclaje de las expectativas. Analistas de Corficolombiana complementan este diagnóstico advirtiendo sobre una “crónica de una crisis fiscal anunciada”, con un gasto público que ha crecido cinco veces más rápido que los ingresos y un déficit fiscal que en 2025 podría cerrar cerca del 6 % del PIB, el nivel más alto en 50 años, excluyendo la pandemia. Para los colombianos, este escenario se traduce en que los créditos seguirán siendo caros y la recuperación del poder adquisitivo tomará más tiempo del previsto.