Sobre él pesaban órdenes de captura por delitos como homicidio, terrorismo, extorsión y tráfico de armas. Además, en julio de 2025, la Corte Suprema de Justicia había avalado su extradición a Estados Unidos, donde era requerido por la Corte del Distrito de Columbia por narcotráfico. Su muerte activa los mecanismos de relevo interno del 'clan del Golfo', una estructura que ha demostrado capacidad para mantener su control territorial a pesar de la caída de sus líderes. Sin embargo, la pérdida de su segundo hombre más importante genera incertidumbre sobre el futuro inmediato del grupo y su cohesión interna.