Fernández, especialista en políticas públicas y exministra del Ejecutivo saliente, se proclamó heredera del proyecto oficialista durante su campaña.

Su victoria fue contundente, liderando el conteo preliminar divulgado por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) desde el cierre de las urnas el domingo primero de febrero. La jornada electoral se caracterizó por una alta participación ciudadana, que alcanzó el 69,5%, reflejando el interés de los costarricenses en el rumbo del país.

Más de 3,7 millones de ciudadanos estaban llamados a votar para elegir entre 20 candidatos presidenciales y renovar la Asamblea Legislativa. La campaña de Fernández se centró en la seguridad, un tema de gran preocupación en el país, prometiendo un enfoque firme para combatir el crimen.

Su perfil como experta en políticas públicas y su experiencia ministerial le otorgaron una imagen de capacidad y continuidad que resonó con una parte significativa del electorado. La elección en primera vuelta evita la incertidumbre de un balotaje y le otorga a la nueva presidenta un mandato claro para implementar su agenda desde el inicio de su gobierno. Su triunfo es visto como una consolidación de las corrientes de derecha en la región, en un país tradicionalmente considerado un pilar de estabilidad y democracia en Centroamérica.