Según Trump, este nuevo consejo trabajará en coordinación con las Naciones Unidas, aunque ha despertado temores de que pueda convertirse en un competidor directo del organismo multilateral.

El proyecto, que nació con el objetivo inicial de supervisar la reconstrucción de Gaza, tiene estatutos amplios que no restringen su actuación a ese escenario. Uno de los aspectos más controvertidos es el requisito económico para ser miembro permanente: cada país deberá aportar mil millones de dólares en efectivo.

Trump anunció haber extendido invitaciones a líderes como Vladímir Putin, Volodímir Zelenski y el Papa León XIV.

Este movimiento diplomático se produce en un contexto de alta tensión geopolítica, apenas un día después de que Trump retirara sus amenazas sobre Groenlandia tras alcanzar un acuerdo con la OTAN para impedir el acceso económico y militar de Rusia y China a la estratégica isla ártica. La creación de la Junta de Paz refuerza la imagen de Trump como un mediador internacional que busca reconfigurar el orden mundial, aunque su enfoque unilateral genera escepticismo entre analistas y diplomáticos.