El Gobierno Nacional ha confirmado su decisión de prorrogar la emergencia económica declarada el 22 de diciembre de 2025, lo que le permitirá seguir expidiendo decretos con fuerza de ley para atender el déficit fiscal. La medida original, de 30 días, se justificó por el desfinanciamiento de $16,3 billones en el presupuesto de 2026 tras el archivo de la ley de financiamiento en el Congreso. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, confirmó que se está trabajando en la extensión, que podría ser una prórroga o una nueva declaratoria, con un límite total de 90 días. Hasta ahora, el Ejecutivo ha expedido dos decretos legislativos con los que espera recaudar cerca de $12 billones, principalmente a través de nuevos impuestos a generadoras de energía, juegos de suerte y azar, licores y patrimonio. Sin embargo, persiste un faltante de más de $4 billones, por lo que Ávila admitió que se evalúan "otras medidas que nos permitan cubrir ese faltante".
Esta situación ha generado un intenso debate político y jurídico.
La Presidencia presentó una recusación contra el magistrado Jorge Enrique Ibáñez, presidente de la Corte Constitucional, para apartarlo del debate sobre la legalidad de la emergencia, argumentando que comprometió su imparcialidad al opinar sobre el tema en una entrevista. Ibáñez había radicado una solicitud para suspender provisionalmente los efectos del decreto.
A pesar de la controversia, se prevé que el magistrado se declare impedido y que la Corte no suspenda la emergencia, sino que se pronuncie sobre el fondo del asunto más adelante. Mientras tanto, el Senado ha citado a un debate de control político para el 27 de enero, donde el gabinete ministerial deberá explicar en detalle las motivaciones y alcances de la medida.
En resumenEl Gobierno prorrogará la emergencia económica para cubrir un déficit presupuestario, manteniendo la facultad de crear nuevos impuestos. La medida, que ya enfrenta un control político en el Senado y un complejo debate jurídico en la Corte Constitucional, con recusación incluida, busca asegurar los recursos faltantes tras el fracaso de la ley de financiamiento, mientras genera incertidumbre sobre futuras cargas tributarias.