La situación es particularmente crítica en municipios como Penco y Lirquén, donde las llamas han alcanzado áreas residenciales, destruyendo viviendas y vehículos. El gobernador del Biobío calificó la situación como una “catástrofe”.

Las condiciones climáticas, con altas temperaturas propias del verano austral y fuertes vientos, han dificultado enormemente las labores de extinción, en las que participan bomberos, brigadistas forestales y personal de las Fuerzas Armadas. La emergencia ha provocado el colapso de rutas y el desalojo de centros de salud, como el hospital de Lirquén. Videos difundidos en redes sociales muestran la magnitud de la tragedia, con imágenes de enormes nubes de humo y vehículos calcinados, mientras las autoridades locales intentan prevenir saqueos en las zonas evacuadas.