En una declaración conjunta, los líderes de los cinco partidos del Parlamento groenlandés, tanto del gobierno como de la oposición, respondieron con firmeza: "No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses". Subrayaron que el estatus político del territorio no está en venta y que su futuro debe ser decidido únicamente por su población. A pesar de que EE. UU. ya cuenta con una amplia presencia militar en la isla gracias a un acuerdo de defensa con Dinamarca desde 1951, Trump insiste en la necesidad de un "título" de propiedad.
Por su parte, China ha criticado a EE.
UU. por usar a otros países como "pretexto" para sus intereses estratégicos en la región.
La situación pone de relieve la creciente rivalidad geopolítica en el Ártico, una zona rica en recursos naturales y de gran valor estratégico, y el choque entre las ambiciones de una superpotencia y el principio de autodeterminación de un pueblo.













