La Casa Blanca ha emitido una orden ejecutiva que marca un punto de inflexión en la política de drogas de Estados Unidos, al abordar el cannabis medicinal como un asunto de salud pública y evidencia científica, en lugar de mantenerlo bajo un enfoque estrictamente prohibicionista. La medida, fechada el 18 de diciembre de 2025, no legaliza la marihuana a nivel federal, pero sí busca alinear la regulación con la realidad de su uso extendido y la evidencia científica disponible. El núcleo de la orden es acelerar el proceso, ya recomendado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y la FDA desde 2023, para reclasificar la marihuana de la Lista I a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas.
Esta reclasificación reconocería formalmente su "uso médico aceptado" y reduciría las barreras burocráticas que actualmente obstaculizan la investigación clínica.
A pesar de que más de cuarenta estados ya cuentan con programas de marihuana medicinal para más de seis millones de pacientes, la clasificación federal actual la equipara con drogas sin valor terapéutico, generando una disonancia regulatoria. La orden ejecutiva también pone énfasis en la necesidad de regular los productos de cannabidiol (CBD) y cáñamo, cuyo mercado ha crecido sin estándares claros de seguridad. Para países como Colombia, que ya tienen un marco para el cannabis medicinal, el caso estadounidense subraya la importancia de fortalecer la farmacovigilancia, la formación médica y los estándares de calidad para que el acceso ampliado no genere más riesgos que beneficios.
En resumenMediante una orden ejecutiva, Estados Unidos da un paso histórico para tratar el cannabis medicinal como un tema de salud pública, buscando reclasificarlo para facilitar la investigación científica y alinear la regulación federal con su uso médico ya extendido. Este cambio de paradigma, centrado en la evidencia y no en la ideología, ofrece lecciones clave para la regulación de esta sustancia a nivel global.