La captura de Nicolás Maduro en Venezuela ha generado una respuesta inmediata y multifacética por parte del gobierno de Colombia, que incluye un masivo despliegue militar en la frontera, una firme postura diplomática de rechazo a la intervención y un recrudecimiento del debate político interno. El presidente Gustavo Petro calificó la acción estadounidense como una “agresión a la soberanía de América Latina” y ordenó el despliegue de más de 30.000 uniformados de la Fuerza Pública a lo largo de los 2.200 kilómetros de frontera. Como parte de las medidas, se activaron cinco Puestos de Mando Unificado (PMU) en zonas clave como Cúcuta para gestionar una posible crisis humanitaria y de seguridad. Una de las mayores preocupaciones es la posible reacción del Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla con presencia binacional que podría intensificar sus acciones violentas. La tensión escaló al plano personal cuando el presidente Donald Trump advirtió directamente a Petro que “tiene que cuidarse el trasero”, acusándolo de tener “laboratorios de cocaína”.
Petro respondió en redes sociales afirmando tener la “consciencia tranquila”.
Este cruce de declaraciones avivó el debate político en Colombia, donde el expresidente Andrés Pastrana acusó a Petro de ser “el gran defensor del narcodictador”, mientras que el gobierno colombiano, por vía diplomática, solicitó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. La crisis venezolana se ha convertido así en un factor determinante para la seguridad nacional y un tema central en la campaña presidencial colombiana de 2026.
En resumenEn respuesta a la crisis en Venezuela, Colombia ha militarizado su frontera con 30.000 efectivos y ha condenado la intervención de EE. UU., generando una confrontación directa entre los presidentes Petro y Trump. La situación ha intensificado las preocupaciones de seguridad por el ELN y ha polarizado aún más el panorama político nacional de cara a las próximas elecciones.