Los partidos Liberal, Conservador y Cambio Radical decidieron no participar en las consultas interpartidistas de marzo de 2026, una movida estratégica que altera significativamente el tablero político de cara a las elecciones presidenciales. Esta decisión obliga a las coaliciones de centro y derecha a redefinir sus mecanismos de selección de candidatos y fortalece la posibilidad de alianzas por fuera de las primarias. La determinación de los partidos tradicionales, cuya fecha límite para renunciar a las consultas vence el 22 de diciembre, fue justificada como una decisión adoptada tras “deliberaciones internas sobre el mejor camino para garantizar un proceso electoral estratégico”. Según fuentes citadas en los artículos, no acudir a las consultas les otorga mayor autonomía para forjar alianzas y tomar decisiones sin quedar atados a un resultado electoral previo.
Esta retirada tiene un impacto directo en la llamada “Gran Consulta” de centro-derecha, que agrupa a precandidatos como Vicky Dávila, Juan Manuel Galán y Juan Daniel Oviedo, entre otros.
Ahora, la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, se encuentra en una encrucijada. Tras su reciente victoria interna, Valencia admitió que el tiempo la tiene “mortificada”, ya que debe decidir antes del lunes si se inscribe en dicha consulta o si sigue otro camino. La decisión de los partidos tradicionales pone al expresidente Álvaro Uribe en la posición de definir si su candidata compite en la consulta o si busca un mecanismo alternativo, como una encuesta, que parece ser el plan B de estos partidos. La fragmentación en el bloque opositor y la reconfiguración de alianzas serán claves para definir quién podrá consolidarse como una alternativa competitiva frente al candidato del Pacto Histórico, que sí definirá su aspirante en una consulta.
En resumenLa renuncia de los partidos Liberal, Conservador y Cambio Radical a las consultas de marzo de 2026 sacude el panorama electoral. Esta decisión obliga a las coaliciones de centro y derecha a buscar nuevos mecanismos para elegir candidato, dejando a figuras como Paloma Valencia en una carrera contrarreloj para definir su estrategia y reconfigurando las alianzas de cara a las presidenciales.