Estados Unidos ha intensificado su presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro con la interceptación y decomiso de un segundo buque petrolero en aguas internacionales frente a las costas de Venezuela. La operación, liderada por la Guardia Costera estadounidense, se produce menos de dos semanas después de una acción similar y confirma el endurecimiento de la estrategia de Washington en la región. Este nuevo episodio se enmarca en la advertencia del presidente Donald Trump, quien días atrás anunció la imposición de un “bloqueo total y completo” a los petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela. La primera incautación, la del buque 'Skipper' el 10 de diciembre, marcó un punto de inflexión, generando lo que operadores del mercado describen como un virtual embargo sobre el comercio marítimo de crudo venezolano. El gobierno de Nicolás Maduro ha denunciado estas acciones como “robo y secuestro” y la “desaparición forzada” de la tripulación. Para evadir las sanciones, Venezuela, al igual que Irán y Rusia, ha recurrido a una “flota fantasma” de embarcaciones antiguas con cambios frecuentes de bandera. A pesar del bloqueo, se reporta que al menos tres superpetroleros zarparon recientemente de puertos venezolanos, algunos con escolta militar, con destino a China, su principal comprador.
La situación ha generado una fuerte reacción en la región. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió durante la cumbre del Mercosur que una intervención militar de EE.
UU. en Venezuela desencadenaría una “catástrofe humanitaria” con efectos devastadores.
En contraste, el presidente argentino, Javier Milei, celebró la presión ejercida por Trump.
El propio Trump ha mantenido una retórica ambigua pero amenazante, declarando en una entrevista que no descarta una acción militar y que Maduro “sabe exactamente qué quiero”.
En resumenLa captura de un segundo petrolero venezolano por parte de EE. UU. eleva la tensión en el Caribe, materializando el bloqueo naval anunciado por Donald Trump. Mientras Venezuela denuncia las acciones como piratería, la crisis divide a los líderes sudamericanos, con Lula advirtiendo sobre una catástrofe humanitaria y Milei apoyando la presión estadounidense, en un escenario de creciente riesgo de confrontación.