La negociación del salario mínimo para 2026 ha comenzado en un ambiente de tensión, con propuestas distantes entre empresarios y trabajadores. Analistas económicos advierten sobre el riesgo inflacionario de un aumento significativo, mientras se debate la posibilidad de desindexar el valor de la vivienda de interés social. La mesa de concertación se instaló con posturas encontradas. Mientras las centrales obreras insisten en que un aumento sustancial es indispensable para recuperar la capacidad de compra perdida por la inflación, los gremios empresariales, como Fenalco, que se apartó de la primera reunión, muestran cautela. En este contexto, ha trascendido que el Gobierno analiza una propuesta de incremento del 13,3 %, cifra que se aleja de las perspectivas de los empresarios. Analistas económicos han encendido las alertas, señalando que un aumento del 10 % podría generar nuevas presiones inflacionarias en 2026.
Argumentan que dicho ajuste elevaría los costos laborales, especialmente para pequeñas y medianas empresas, lo que podría trasladarse a los precios finales de productos y servicios.
Adicionalmente, preocupa el efecto sobre bienes y tarifas indexadas al salario mínimo, lo que amplificaría el impacto en el índice de precios al consumidor. A la discusión se suma una controvertida propuesta gubernamental para desvincular el valor de la vivienda de interés social (VIS) del aumento salarial. La iniciativa busca evitar que los topes de precios de la VIS se eleven automáticamente, pero ha sido fuertemente criticada por gremios de la construcción y expertos, quienes advierten que “sería una mala decisión” que podría afectar el acceso a subsidios y créditos hipotecarios para los hogares de menores ingresos.
En resumenLa negociación del salario mínimo para 2026 está marcada por la incertidumbre económica. Un posible aumento superior al 10 % genera temores de un rebrote inflacionario, mientras que la propuesta de desindexar el valor de la vivienda del ajuste salarial enfrenta una fuerte oposición por su potencial impacto negativo en el acceso a la vivienda para las familias más vulnerables.